Tweet a medianoche

“Las personas que han amado con sinceridad es más factible que vuelvan a hacerlo”.
-Sleepless in Seattle

TWEET A MEDIA NOCHE
SUE ZURITA

*

Quizá Julieta estaba tan acostumbrada a las rupturas amorosas que ya tenía una rutina establecida para superarlas: una botella de vino Malbec argentino, trozos de chocolate amargo y un libro. El lugar donde encontraba todo aquello que le hacía falta para esa noche helada de diciembre, estaba ubicado en la avenida Garza Sada. Entró al Sanborns y fue directo al restaurante, pidió una botella de vino para llevar, la cual se la dieron en una bolsa de papel con el logotipo de la empresa, solía guardar esas bolsas en el último cajón de su ropero, era una coleccionista de amores improbables, esas bolsas de papel le recordaban todas las relaciones fallidas, todas las veces que prometió no volver a enamorarse. La vendedora de la chocolatería ya la conocía y sin preguntar nada, sonriendo le entregó una caja de sus chocolates favoritos.
—Feliz Navidad —exclamó la vendedora.
Intentando ser amable Julieta repitió: “Feliz Navidad”, pagó la cuenta y se dirigió al área de libros y revistas. Para ocasiones como esas en las que se sentía desilusionada, le gustaba leer novelas que tuvieran unos finales felices y exagerados, de esos poco realistas y predecibles, de esos que jamás a ella le sucederían. Mientras caminaba por las estanterías de libros vio un título que desde hace tiempo le llamaba la atención: El lado absurdo de la vida. Una obra literaria que estuvo de moda entre sus contactos de redes sociales y, a pesar de no ser lo que acostumbraba a leer, le despertaba curiosidad; era una recopilación de artículos de un famoso escritor que con acidez criticaba la condición humana y la falta de criterio de los mismos. Leyó en la contraportada que el escritor: Arturo Argenis, publicaba en importantes periódicos del país, era de nacionalidad mexicana, pero vivía en Japón. ¡Vaya, que lejos está este señor!, exclamó para sí.
—Es el último ejemplar que nos queda —mencionó la vendedora.
—Bien, me lo llevo —lo compró de inmediato.
Julieta aspiraba a convertirse en una novelista, y trabajaba como mesera en un restaurante de comida japonesa, y como cualquier chica del siglo XXI, era adicta a las redes sociales, a veces sentía que ahí era el único lugar donde lograba conectarse con la gente, pues en persona era más bien reservada y tímida. Tomó una foto al libro, la mandó directo a Twitter:
“¡Al fin el ‘El lado absurdo de la vida’! Ya tenía muchas ganas de leer a @ArturoArgenis”.
Esa tarde tenía día libre en el restaurante por lo que llegó directo a casa, se sirvió una copa de vino y se acurrucó en el sofá para sumergirse en las letras de Argenis. A medianoche ya estaba en cama, con la pijama de Snoopy que le regaló su amiga Paola en su último cumpleaños, sólo le alumbraba la lámpara de su buró, el resto del departamento se encontraba en total oscuridad, seguía leyendo el libro de Argenis, su manera de escribir la había atrapado por completo, comenzó a leer en voz alta. Argenis apareció a su lado, aunque ella no lo podía ver llegó a sentir su presencia en la habitación, él ataviado en una pijama de franela gris, bebiendo un té de frutos rojos, explicaba por qué le parecía una estupidez que la gente retwiiteará frases motivacionales: “La gente simplemente comparte información sin tomarse el tiempo de investigar el contexto original, y sin cerciorarse de que el autor sea realmente quién supuestamente se dice que es. Ahora ponen cualquier frase a lado de la foto de la Madre Teresa de Calcuta y dicen que ella fue la que lo dijo, cuando bien puede suceder que quien dijo eso fue el mismísimo Hitler. Al internet hay que creerle poco, debe ser una herramienta para desmenuzar más la información que nos llega y no quedarnos con los primeros 140 caracteres”.
Así continuó esa charla imaginaria hasta que llegó la madrugada y se quedó dormida en el hombro de aquel escritor que aún sin conocerlo ya le hacía compañía. El móvil timbró por una notificación de Twitter, pero no la despertó. Y Argenis se difuminó lentamente. Antes de ir a trabajar Julieta hizo su rutina diaria, dos tazas de café mientras leía el periódico, únicamente le interesaban dos secciones: cultura y deportes, posteriormente prendía la Tablet y checaba las notificaciones de las redes sociales, siempre en este orden: Blogspot, Facebook, Instagram, Pinterest y Twitter. Se emocionó al ver que en Twitter Argenis le respondió y además le dio “seguir”.
“Gracias por leerme @SoyJulieta. Me platicas que te parece mi libro”

El trayecto de su casa al trabajo era largo, alrededor de una hora, así que aprovechó ese tiempo para continuar su lectura. Los artículos de Argenis eran tan amenos como estar charlando frente a frente con él, de alguna manera la dejaba analizando, era como un juego de voleibol donde Argenis aventaba la pelota y del otro lado de la cancha ella la recibía. No eran parte del mismo equipo, en varias ocasiones se descubrió objetando al autor, pero le gustaba la forma en la que esa lectura le hacía reflexionar sobre temas de interés general, educación, política, religión y cultura. Durante el recorrido en el metro a su lado iba Argenis, al igual que ella abrigado con Gabardina y una bufanda al cuello, charlando con el sarcasmo que le caracterizaba, y Julieta que seguía ensimismada en el libro, sonreía por la elocuencia con la que se expresaba el escritor. Detuvo la lectura justo cuando Arturo platicaba una anécdota de aquella época en la que fue profesor de español en Sapporo, en ese instante Arturo calló, Julieta giró el libro para observar la contraportada y ver detenidamente el rostro del autor, en su cabello ya había algunas canas, tal vez tenía cuarenta y tantos años, los ojos negros, redondos y grandes, se imaginó la “rareza” con la que sus alumnos lo vieron la primera vez, estos pensamientos fueron interrumpidos por una señora robusta.
—¿Puedo? —pidió permiso para sentarse.
—¡Claro! —exclamó Julieta, y Arturo se desvaneció al mismo tiempo que la señora ocupó el asiento en el que iba él.

Los días siguientes en sus redes sociales Julieta compartió fragmentos de El lado absurdo de la vida, ya iba a la mitad del libro; sin embargo, sus vacaciones del trabajo llegaron y con ellas una lluvia de ideas para la novela que tenía inconclusa desde el verano. Decidió encender la computadora, escribió por horas, por días y por semanas. Hasta que el Doodle del buscador Google le anunció que en un par de horas llegaría el nuevo año. Exactamente a medianoche de año viejo recibió a través de Twitter un MD.
@ArturoArgenis: “Feliz año nuevo, aquí ya es 2 de enero.”
@SoyJulieta respondió: “Entonces eres del futuro…”
@ArturoArgenis: “Como Dr. Who. ¿Terminaste de leer mi libro o te aburrió?” @SoyJulieta: “Aún no lo termino. Voy a la mitad. También escribo, aunque lo mío son novelas, acabo de concluir una, por eso te dejé de leer… pero ya retomaré tu libro esta misma semana. Lo que alcancé a leer me ha gustado mucho, a veces eres muy sarcástico, pero también directo y honesto, eso es lo que más me agradó.”
@ArturoArgenis: “No te presiones, lee a tu ritmo.”
@SoyJulieta: “No soy esa clase de lector que se obliga a terminar libros, si no me atrapan los dejo a medias sin problemas, no es ese caso con tu libro, si tengo ganas de seguir leyéndote.
@ArturoArgenis: “Okay, Okay, ¿Y de qué trata tu libro?”
@SoyJulieta: “De la búsqueda irremediable del amor y el destino… ¿Te parece cliché?”
@ArturoArgenis: “Me parece un tema que jamás va a pasar de moda, es parte de la naturaleza humana”.
Platicaron por un largo rato. Hasta que dieron las 3:30 a. m. en México, en Japón eran las 6:30 p. m. Argenis bebía un expresso en una cafetería de Tokio. Y a Julieta sólo la alumbraba el monitor de la PC, el resto del departamento, como siempre, en total oscuridad. Afuera se escuchaba todavía los estallidos de pirotecnia. Al mismo tiempo que Julieta envío su manuscrito a la editorial se lo mandó vía email a Argenis.

Las siguientes madrugadas fueron un intercambio de comentarios acerca de la novela de ella, y del libro de él. Cuando febrero llegó los dos concluyeron las lecturas:
@SoyJulieta: “Creo que ya no nos vamos a escribir”.
@ArturoArgenis: “¿Por qué dices eso?”
@SoyJulieta: “Teníamos en común las lecturas…”
@ArturoArgenis: “Tal vez tienes razón, tal vez no. Quizá tenemos en común más cosas de las que piensas.”
@SoyJulieta: “Ya voy a dormir, aquí son las 4 de la mañana.”
@ArturoArgenis: “Descansa.”
@SoyJulieta: “Que sea linda tarde para ti.”

Por el contrario a lo imaginado, inevitablemente seguían escribiéndose. Resultó que no sólo eran las lecturas lo que tenían en común, su amistad crecía al mismo tiempo que pasaban a otra estación del año. Julieta se sentía cómoda hablando de sus miedos emocionales, de la inseguridad que le daba escribir y sobre todo conocer gente del medio literario, pues creía no estar a la altura de ellos. Por su parte, Arturo se divertía con las ocurrencias de la veinteañera, y en más de una ocasión le dio las palabras de aliento adecuadas en el momento indicado. A veces Argenis la sorprendía con un correo electrónico por las mañanas, así mientras ella preparaba la cafetera, él la acompañaba. A su vez ella viajaba a Japón a través de las fotografías que Arturo Argenis le enviaba. Pudo sentir el calor del sake recorriendo su garganta con tan sólo leer la descripción de la comida de negocios a la que Arturo acudió y le contó detalladamente en ese email. Fue como estar sentada a su lado mientras él traducía a los empresarios, de japonés a español y viceversa, ella se reía a carcajadas cuando Argenis decía algo que le resultaba gracioso, comía sushi, bebía sake, intercambiaban miradas de complicidad, era parte de ese momento, a pesar de no estar ahí físicamente.

El verano trajo nuevas cosas en la vida de Julieta, por lo que comenzó a alejarse de Argenis. Conoció a Adán, un joven empresario que de inmediato le movió el piso, también recibió respuesta de la editorial.
@SoyJulieta: “Te tengo una gran noticia. ¡Me van a publicar!”
@ArturoArgenis: “Me alegro tanto por ti, bien merecido. Hay que festejar.”

No volvieron a escribirse hasta otoño.
@ArturoArgenis: “¿Cómo va el romance con Alán?”
@SoyJulieta: “¡Se llama Adán! Jajajaja”
@ArturoArgenis: “Soy muy malo con los nombres… lo siento”
@SoyJulieta: “Terminamos la relación. Es complicado, vive en el sur de México yo en el norte… se veía venir”.
@ArturoArgenis: “Ya sabes lo que dicen, para todo mal un mezcal, para todo bien también, ¿O prefieres sake?”
@SoyJulieta: “Jajajaja, un mezcalito estaría perfecto”
@ArturoArgenis: “Todo estará bien, te mando un abrazo.”
@SoyJulieta: “Gracias. Por cierto, la novela sale en dos semanas.” @ArturoArgenis: “La estoy esperando ansioso”
@SoyJulieta: “Gracias. Ya es tarde, es hora de dormir…”
@ArturoArgenis: “Espera. Quiero contarte algo… en dos semanas voy a México, ojalá podamos vernos.”
@SoyJulieta: “¿A CDMX?”
@ArturoArgenis: “Sí. Estaré tres semanas por allá.”
@SoyJulieta: “Precisamente estaré en CDMX por esas fechas, después viajo a Argentina, espero que coincidamos porque me gustaría mucho conocerte en persona.”
@ArturoArgenis: “A mí también, descansa.”

En la contraportada del libro de José Saramago El viaje del elefante dice: “Siempre acabamos llegando al lugar donde nos esperan”. Con frecuencia deseamos llegar a cierto lugar, y recorremos esperanzados un sinfín de caminos que nos lleven ahí, pero la vida se empeña en alejarnos de ese destino. Algunas personas llegan a nuestra vida para ser puentes y ayudarnos a cruzar al otro lado, después que nos ayudan desaparecen, algunas personas no están consignadas a ser parte de nuestra vida por más que lo queramos. El veintidós de octubre fue la cita. La presentación de la novela de Julieta era a la misma hora que la junta de trabajo de Arturo, por lo que ella sugirió verse a las ocho de la noche en el mirador de la Torre Latinoamericana, como en aquella película Sleepless in Seattle, donde Annie y Sam se encuentran por primera vez en el Empire State. Pero en esta historia ninguno de los dos llegó a tiempo. La cena de Arturo con los japoneses se prolongó, intentó llamar una y otra vez a Julieta, pero le mandaba directamente al buzón de voz. Cuando llegó a la Torre Latinoamericana ya habían cerrado. Por su parte Julieta se quedó sin batería en el móvil, su editora la llevó después de la exitosa presentación a un cóctel que organizó la editorial, no pudo negarse. Bebió un par de Martinis, charló con algunas personas y se retiró sigilosamente. Esperó por más de veinte minutos un taxi. Y después el tráfico fue fatal. Eran las once de la noche cuando llegó. Los tacones le lastimaban los pies, el cansancio era abrumador.
—¿Dónde estás Arturo Argenis?
Arturo caminaba rendido en la calle paralela en busca de un taxi para dirigirse a su hotel. Al mismo tiempo consiguieron taxi, pero cada uno tomó diferente rumbo, él se hospedaba en Polanco, ella cerca del aeropuerto, ya que a las seis de la mañana salía su vuelo rumbo a Buenos Aires. Instalados cada quien en su hotel se pusieron en contacto. Ya era medianoche.
@ArturoArgenis: “Todo se complicó. Pero deseo que haya sido un éxito tu presentación. Abrazos.”
@SoyJulieta: “No puedo creer que estemos en el mismo continente y no te vea.” @ArturoArgenis: “Ya tendremos oportunidad algún día, yo sé que sí. Ten un buen viaje mañana.”
@SoyJulieta: “Feliz estancia en México, come muchos tacos. Bonita noche, Arturo.”
@ArturoArgenis: “Bonita noche, Julieta.”
Los días siguientes las ocupaciones de cada uno no permitieron escribirse, y así pasaron las semanas, los meses y los años, viviendo vidas paralelas. Por las redes sociales se venían enterando de cómo iba la vida de cada uno. Con un like o un fav indicaban que seguían presentes, a veces un comentario o un saludo, y siempre en año viejo un tweet a medianoche.

Primera edición. Mayo 2016
© 2016, Sue Zurita
Ilustración de portada: Ana Caballero
Corrección de estilo: Guadalupe Pérez
© Queda prohibida toda reproducción total o parcial sin autorización del titular de los derechos de autor.
Cuento incluido en el libro Buenas noches, desolación

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